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Inicio (I) • George Ruiz
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Inicio (I)

Inicio (I)

La ciudad se alzaba tras largas jornadas en el mar. La catedral, en primera línea, parecía querer recibir a los viajeros que se hallaban exhaustos tras cinco días de navegación. El puerto era de los más grandes del continente. La ventaja de llegar al medio día era que se podía contemplar toda la urbe en su vasta extensión. Sus calles adoquinadas y sus casas pintadas con cal hacían un hermoso contraste con el azul marítimo.

El capitán entró en su camarote. En una estantería cercana apartó un par de libros, sacó un pequeño cofre que agitó con vigor y lo observó extrañado. «Mierda, —pensó— debe de estar en la bodega». Dejó el pequeño cofre en medio de un gran escritorio ya de por si repleto de utensilios: una carta de navegación, un compás, un sextante, un catalejo, tres pequeños sacos, siete monedas de cobre esparcidas…

Antes de salir de la estancia, reparó en una botella verde completamente vacía, al acercarse a recogerla se miró en el espejo que se alzaba sobre la silla que había al otro lado de la mesa. El capitán no era muy alto, aunque gozaba de una buena forma física, en su corta melena castaña empezaban a asomar canas. Su barba, apenas tendría un palmo. Sus ojos tenían el color azul del mar tras una tempestad. Alrededor del ojo izquierdo tenía una cicatriz que empezaba en la frente, se interrumpía en la ceja y continuaba en el pómulo. No se consideraba a sí mismo un hombre atractivo, pero sabía de primera mano que gustaba a las mujeres de los doce reinos.

Salió del camarote cerrando la puerta tras de sí, paró un segundo y empezó a rebuscar entre su casaca negra. Sacó un talego que enseguida arrojó a un miembro de la tripulación que lo cazaría al vuelo.

— Con eso tendrás de sobra para pagar el amarraje, con el resto haz lo que te plazca. Con esto otro… —volvió a rebuscar y sacó otra bolsita un poco más grande— habrá para que el resto descanse, coma y beba hasta hartarse. Aún nos queda mucho viaje, no nos conviene tenerlos descontentos.

— De acuerdo, Capitán. ¿Pasará la noche en ‘Tres poetas’?

— Soy un hombre de costumbres, maestre Marom. Y Tres poetas ofrecen todo lo que pido, buena bebida, buena música y…

— Buenas mujeres —completó el maestre—.

Ambos sonrieron, entonces el capitán volvió a caminar rumbo a la bodega, sabía que no tenía mucho tiempo si quería aprovechar los últimos rayos del Sol.

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GeorgeRuiz
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